La República Dominicana ha vivido momentos en los que el precio del petróleo ha dejado de ser una cifra internacional para convertirse en preocupación diaria de la gente.
En 1990, mientras el mundo observaba el conflicto en el Golfo Pérsico, los dominicanos comenzaron a sentir en carne propia el impacto de una guerra lejana que alteró la economía nacional y transformó la vida cotidiana en una lucha constante por sobrevivir.
Las estaciones de combustibles se llenaron de largas filas de vehículos esperando gasolina.
Muchos conductores quedaban varados en las calles por la escasez, mientras en los hogares aumentaba la angustia por el precio de los alimentos. Las amas de casa recorrían colmados buscando productos más baratos y los trabajadores veían cómo el salario perdía valor frente a una inflación que parecía no detenerse.
En medio de ese escenario gobernaba Joaquín Balaguer, quien iniciaba su quinto mandato presidencial bajo fuertes cuestionamientos políticos y sociales. Los apagones, las huelgas y el descontento popular se mezclaban con la incertidumbre económica. El país atravesaba una crisis donde la población sentía que cada día era más difícil sostener la estabilidad familiar.
Los informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe reflejaban la magnitud del problema.
El Producto Interno Bruto cayó un 6.2 %, el consumo privado descendió 11 %, la inflación alcanzó el 80 % y las reservas internacionales se redujeron drásticamente. Además, siete bancos comerciales quebraron en medio de un panorama marcado por la desconfianza y la incertidumbre económica.
El aumento de la gasolina de RD$6.00 a RD$11.00 se convirtió en símbolo de aquella crisis.
La Guerra del Golfo obligó al racionamiento de combustibles y provocó un efecto dominó que impactó el transporte, los alimentos y los servicios básicos. Para muchos dominicanos, esos años quedaron grabados como un tiempo de sacrificios y protestas en las calles reclamando mejores condiciones de vida.
Décadas después, la República Dominicana volvió a sentir cómo los conflictos internacionales afectan directamente su economía. A pesar de la firma del acuerdo de cooperación energética Petrocaribe, realizado el 6 de septiembre de 2005 entre el gobierno de Leonel Fernández y el entonces presidente venezolano Hugo Chávez, el país continuó dependiendo de las variaciones del mercado petrolero internacional.
En 2022, la guerra entre Rusia y Ucrania volvió a disparar el precio internacional del petróleo. El gas licuado de petróleo y los combustibles subieron de precio, afectando el transporte público, la construcción y la economía de miles de familias. El gobierno encabezado por Luis Abinader tuvo que aumentar los subsidios para evitar incrementos más severos en los precios internos.
La tensión internacional también alcanzó al Medio Oriente con los conflictos relacionados con Irán, Israel y Estados Unidos. El cierre y las amenazas sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial, encendieron nuevamente las alarmas en países dependientes de las importaciones energéticas como la República Dominicana.
Ahora, en 2026, el barril de Texas alcanzó los 104.86 dólares debido al conflicto en Irán. Economistas advierten que esta situación podría desacelerar el crecimiento económico, encarecer sectores como el turismo y la construcción, y aumentar todavía más la presión sobre los subsidios estatales. Según estimaciones del Banco Central de la República Dominicana, cada dólar que sube el petróleo incrementa la factura petrolera nacional en más de US$63 millones.
En los últimos meses, el gobierno dominicano ha destinado miles de millones de pesos para contener el impacto de los combustibles y la electricidad. Solo en 2025 se habrían invertido alrededor de RD$11,500 millones en subsidios a combustibles y más de RD$105,000 millones en el sector eléctrico. Aunque estas medidas buscan proteger a la población, también representan una carga para las finanzas públicas y ralentizan proyectos de desarrollo.
Aun así, muchos consideran que mantener estables los precios de los combustibles se ha convertido en una tarea necesaria para evitar que otra crisis económica golpee con fuerza a los sectores más vulnerables del país.





