SANTO DOMINGO,REPUBLICA DOMINICANA. El economista, analista y consultor privado Julio Santana afirmó que la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán ya ha comenzado a producir efectos económicos tangibles a escala global y advirtió que sus repercusiones podrían escalar hacia una crisis sistémica si se prolongan las tensiones en los principales corredores energéticos del mundo.
Santana señaló que la suspensión del tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz por parte de grandes compañías navieras internacionales confirma que el conflicto deja de ser una amenaza hipotética.
Recordó que por esa vía marítima circula aproximadamente el 20 % del suministro mundial de petróleo y gas, y que empresas como Hapag-Lloyd, CMA CGM, Nippon Yusen y Maersk anuncian en estos momentos desvíos, cancelaciones y redireccionamientos logísticos. “El solo hecho de alterar esas rutas estratégicas incrementa costos, eleva las primas de seguro y genera retrasos que impactan el comercio mundial”, aseguró.
El economista explicó que el precio del petróleo, que cerró recientemente en torno a los 73 dólares por barril, podría superar los 80 dólares en la apertura de los mercados e incluso acercarse a los 100 en caso de que el bloqueo o la inestabilidad persistan.
“Un shock energético de esa magnitud tendría un efecto inflacionario inmediato, obligaría a los bancos centrales a endurecer su política monetaria y podría provocar una desaceleración global”, sostuvo.
Santana advirtió que el impacto no se limita al petróleo. Señaló que el oro ha escalado como activo refugio, mientras los mercados de riesgo muestran volatilidad. Asimismo, alertó sobre el riesgo estratégico que representan las desalinizadoras del Golfo Pérsico, infraestructura vital para el suministro de agua potable en la región. “Un ataque a esas instalaciones generaría una crisis humanitaria y elevaría aún más el riesgo de escalada”, indicó.
Añadió que Irán desempeña un papel relevante en la exportación de fertilizantes, por lo que una interrupción en ese mercado podría traducirse en mayores costos agrícolas a nivel mundial.
“Cuando suben los fertilizantes, suben los alimentos. Y cuando suben los alimentos, la presión social aumenta en los países más vulnerables”, afirmó.
En el plano financiero, Santana sostuvo que una reducción significativa del comercio energético denominado en dólares podría acelerar procesos de fragmentación monetaria internacional. “Si algunos actores comienzan a diversificar mecanismos de pago, el sistema financiero basado en el dólar podría enfrentar presiones estructurales”, explicó.
Al referirse a la República Dominicana, Santana enfatizó que el país es particularmente vulnerable debido a su alta dependencia de la importación de petróleo y derivados. “Un aumento sostenido del crudo encarecería la factura petrolera, presionaría la balanza de pagos y generaría inflación importada en combustibles, electricidad, transporte y alimentos”, señaló.
En referencia al caso particular de la economía dominicana, el economista recordó que ella arrastra un déficit presupuestario de gran calado dado su tamaño y un nivel de endeudamiento que ha crecido de forma significativa en los últimos años.
“En un escenario de precios energéticos elevados, el espacio fiscal se reduce considerablemente. El Estado tendría que optar entre ampliar deuda, recortar gasto o trasladar parte del impacto a los consumidores”, advirtió.
También destacó que la deuda cuasi fiscal del Banco Central alcanza proporciones preocupantes. “Si el conflicto genera volatilidad cambiaria o salida de capitales hacia activos refugio, el Banco Central podría verse obligado a intervenir con mayor intensidad o a elevar tasas de interés, lo que encarecería el crédito interno y afectaría el crecimiento”, explicó.
Santana subrayó que una eventual desaceleración en Estados Unidos o Europa —principales socios comerciales y emisores de turismo y remesas hacia el país— tendría efectos indirectos inmediatos sobre la economía dominicana.
“Turismo, exportaciones y remesas podrían resentirse si las economías desarrolladas entran en una fase recesiva como consecuencia del shock energético”, afirmó.
Finalmente, Julio Santana declaró que la dimensión de este conflicto trasciende lo militar.
“Estamos ante un evento con capacidad de alterar precios, flujos financieros, crecimiento y estabilidad social a escala global. Para una economía abierta, endeudada y altamente dependiente de energía importada, la prudencia fiscal, la diversificación energética y la planificación estratégica dejan de ser opciones y se convierten en imperativos nacionales”, concluyó.





